Una característica de la tradición jurídica, canonística y teológica cristiana europea de los siglos VI al X está constituida por la progresiva definición de bienes de la iglesia como bienes públicos, es decir pertinentes a la administración del soberano, y contemporáneamente de bienes públicos como sagrados. La superposición de las nociones de público y sagrado entonces, desde la antiguedad tardía cristiana, implicó una relectura de patrimonios familiares en términos de posibles sacralizaciónes de aquellos patrimonios cuyas estrategias de crecimiento se entretejieron con aquellas de entes sacros. Resultado de este recurso político y lingüístico fue, a fines del medioevo, la posibilidad de codificar como público y también sagrado decisiones...